domingo, 10 de abril de 2011

Divagando hasta la Iluminación

Hoy me siento distinta. Mi corazón fue excretado a mi torrente sanguíneo y viajó bastante, se filtró por algún tejido y apareció en mi estómago, latiendo fuertemente. Tengo el corazón en el estómago y no es un eufemismo, no quiero que me cocine ningún hombre. Estoy diciendo que tengo el corazón en el estómago porque hay un sentimiento de culpa que no puedo desaparecer ni con los borradores de los bolígrafos, que hasta al hampa venezolana pueden tumbar. La culpa es una emoción adquirida, es decir, tú me hiciste esto. Podría saberme al mismísimo casabe si hiero tus sentimientos o no, pero estoy atada a ti, de todas las formas menos una. Y creo que es la menos relevante en esta historia.

Me gusta(s). Pero no es eso lo que me pasa, mi depresión recurrente no se trata de este compromiso ficticio que decidió salir al aire. Hoy desperté inmóvil. Tenía mucha sed y dolor de huesos, conseguí levantarme aunque me pesara la existencia como en los días nublados, parecía que estuviese subiendo un páramo. Tomé Té Listo, que aunque nadie lo admita, es la representación güarapera del Nestea. Me sentí miserable todo el día, recordé a Mauricio y nuestras interminables charlas, justificando la intensidad de los domingos. Me odié a mí misma, como siempre, la verdad es que tiendo a ser muy rutinaria. Todos tenemos nuestros daddy issues y hoy me sentí asqueada por la forma en la que fingías que todo estaba bien. Nada está bien. Es hipócrita de mi parte reclamarte por eso, yo lo hago todos los días de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Aporto lo que queda de mí, sobrevivo sin vivir.

La verdad es que no estoy acostumbrada a tomar, no alivio las penas con el alcohol, yo solo duermo el dolor. El problema es que ya no duermo. Duermo lo suficiente cuando caigo inconsciente y luego despierto al transcurrir poco tiempo, es una maldición que me está siguiendo desde que empecé a leer filosofía. Ahora se han ido mis libros y ando pelando bolas, por lo que no puedo leer lo que quiero. Entonces mi insomnio no es una sombra pasiva, ahora me está persiguiendo.

Siempre he pensado que las depresiones clínicas no existen, que la motivación puede con todo, que la filantropía tiene como himno Waving Flag cuando nos une una misma pasión. Que la salvación se encuentra en la Teoría del reforzamiento... Pero no basta con querer salvarse, hay que saber protegerse. Protegerse de uno mismo. El malandro del kiosco te puede quitar el BlackBerry y tú te dejas (aunque para ti, ese teléfono era una extensión de tus manos) pero quién dijo que los crímenes materiales eran los más peligrosos. Es mentira. El choro más peligroso es uno mismo. Sin darnos cuenta, nos vamos quitando todo lo que nos compone cuando caemos en la misantropía y en la impotencia, ante un mundo dormido e inmutable. La motivación se agota y con eso llega la entrega al vacío o el deseo desesperado de caer en uno. Ahí es cuando saltas de tu cama y te das cuenta que hasta en sueños evitamos desvanecernos, que no queremos dejarnos caer incluso en el subconsciente.

Antes no creía en las depresiones clínicas, después creí y luego solo entendí que existen pero no son eternas. Ninguna dura para siempre. Hay, entonces, salvación. No estoy segura de la protección, porque ocurre sin darnos cuenta, aunque esto es solo cuestión de agnósticos. Pero todas las personas que están deprimidas todavía tienen chance, siempre lo tendrán. Ninguno de nosotros posee la convicción de dejarse morir de esa manera; si tu vida está en trance, puedes caerte para despertar. Se trata de abrir los ojos y darte cuenta de que algo estaba realmente mal.

Mientras escribía esta entrada tuve una epifanía, una mera revelación de lo que me sucede. Puse mi vida en pausa, mientras todos los demás avanzan... Todo es producto de una creencia. Empecé a pensar que mi vida aquí culminó y le podré dar play en San José. Quizás es porque empezaré a luchar por una beca, por la supervivencia, por una nueva vida. Amé Venezuela demasiado, me gocé muchísimo ser hija de esta patria perdida pero ya ando nadando en lo patético, rebuscando razones para permanecer aquí. Ya todos tienen su vida amorosa que está echando pa'lante, las pruebas en la Carabobo, el carro nuevo y yo... No. Simplemente no, un no rotundo que indica que tengo el pasaje en avión para la segunda semana de Julio.

Ahora es cuestión de observación y preparación para las carencias futuras. A donde vaya seguiré luchando con las mismas maldiciones de toda la vida, pero la motivación de alcanzar mis metas me impulsarán más que cualquier santo. Es esa sensación donde la perdición es un espanto llanero y se encuentra a la vuelta de la esquina, por lo que te genera un miedo terrible. Más que ser acechada por el Silbón. Ciertamente escuchamos el silbido de la perdición a lo lejos cuando está cerca, es ese miedo común de perdernos en el camino... Pero todos esperamos reencontrarnos con nosotros mismos cientos de veces. 

Será un placer apretarme la mano y verme a mí misma cuantas veces sean necesarias para entender que el aprendizaje no es un objetivo, es parte de uno.

lunes, 21 de febrero de 2011

La Literatura Venezolana (Artículo periodístico - escolar)

La literatura hecha en Venezuela ha sido subestimada a través del tiempo, desvirtuando el arte en nuestra cara y los primeros causantes de semejante atrocidad somos nosotros: los venezolanos. Quizás este hecho se haya dado por factores que se han salido de control con el pasar de los años; trayendo autores extranjeros a nuestro país y eventualmente obligando a los venezolanos a adueñarse de versos ajenos porque sin poesía y estética no es posible vivir, por definición el arte conlleva la expresión del individuo. Es posible encontrar a cualquier ciudadano que haya leído poemas de Pablo Neruda o Mario Benedetti, ignorando sus raíces porque simplemente padece del triste desconocimiento. Si de autores venezolanos se tratara no van más allá de Aquiles Nazoa, Vicente Gerbasi o el maravilloso Rómulo Gallegos, cuyas obras representan por completo la creación de este territorio.


Esta nueva sección por ningún motivo busca desprestigiar a los genios literarios mencionados anteriormente, sino resaltar aquellos autores contemporáneos que de manera fantástica y sin recibir el reconocimiento adecuado, han definido el arte venezolano con el pasar de las décadas. Quizás la poesía venezolana no sea tan popular porque plasma el amor de manera tácita en versos melancólicos, a diferencia de otros autores latinoamericanos, que expresan directamente lo que sienten: lo común es leer estrofas románticas de un paisaje estético, sin abusar de las metáforas. La poesía venezolana conserva el misterio metafórico con el balance perfecto de un estado poético; así como la tristeza y la pérdida, ganándose el espacio oscuro que todos poseemos y no sabemos cómo expresarlo exactamente. He observado que realiza una descripción extensa de la situación, dejando que el ambiente guíe las emociones en vez del sujeto. Desde un inicio la literatura venezolana impulsa al paisaje a cobrar vida, en todos los géneros. La narrativa reciente, combina el patriotismo y las situaciones del día a día con un aire jocoso que brinda un texto entretenido. Definitivamente tiene muchísimo por ofrecer y es por esto que este nuevo espacio existe, servirá como puente entre los lectores y los escritores patrios. Poetas y narradores como Luis Alberto Crespo, Teófilo Tortolero, Víctor Valera Mora, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Miyó Vestrini, Reynaldo Pérez So, Rafael Cadenas y José Rafael  Pocaterra, Salvador Garmendia, Arturo Úslar Pietri, Francisco Massiani, Eduardo Liendo, Milagros Socorro, entre otros; no deben ser condenados al olvido. Si no apreciamos lo propio, jamás entenderemos el valor identitario de la buena letra hecha en casa.

sábado, 12 de febrero de 2011

Cacotanasia

Mordía el lápiz con sed de justicia, masticando el borrador despiadadamente como si se tratara de la vida misma, quería acabar con la falsa creencia de que los errores pueden desaparecer. Murmuraba constantemente, convenciéndose de lo equivocado y pensando que jamás le enseñaría tal cosa a sus querubines ficticios. Besó el cigarro de nuevo y aspiró el rechazo, finalmente decidiendo estrellar el vicio contra la antigüedad de una mesa mientras expiraba el último aliento de la única cosa que parecía quererla. Decidió entonces apuñalar su mano para asesinar a la creación misma, su obra maestra se hallaba en la punta del lapicero, de esos que nunca se equivocan y siguen a la convicción propia. 

Tomó la hoja en blanco y rápidamente cortó los dedos que alguna vez trazaron literatura sobre el pecho imaginario. Jugó con la prosa y cantó con la lírica, escribió centenares de epístolas  sin destino, acostumbrándose una vez más a ser la ceniza abandonada. Había sido desechada por todos y dormía para dejar de sentir, ya no servía para aquello. Devoró las uñas que tendían a magullar a los amantes, el recuerdo más amargo le advertía todo el tiempo que aferrarse a una espalda no la harían conquistar nada, ya no tenía reino. Las paredes le susurraban, el grafito incrustado estaba harto de su esencia y la mesa tambaleaba lejos, recorriendo las distancias más largas del mundo justo ahora más que nunca. Abrió un libro, drogándose lentamente con poesía y versos ajenos, adueñándose de las estrofas a la fuerza: las sílabas métricas tendían a huir para negarle amores pasajeros.

Por más que intentaba desaparecer, los sueños le resultaban esquivos.  Con frecuencia moría entre  párrafos, tratando de acoplar palabras estéticas para salvarse la vida. Hoy la palabra era una extraña y ella era un mero intruso en el mundo caníbal de las letras. Tomó el lapicero para escribirse, inventarse, terminarse, sentirse,  crearse, vivirse y matarse como si fuera la primera vez. Cavó en su pecho los discursos inconclusos, entregándose al acto final de su obra maestra.

Este cuento es dedicado a mi locura, me está fastidiando bastante últimamente.

lunes, 31 de enero de 2011

Hoy sale escribir que no sale nada

Tomó la pluma y apuñaló ferozmente la poesía abandonada, aquella hoja en blanco que nadie quiso convertir en literatura. Ella no vino a plasmarse, él tampoco tenía ganas de reinventarla y terminó siendo un convenio de ruptura. Tenía tantas cosas que decir y terminó comprendiendo que jamás pronunciaría lo que su corazón dictaba; no era una cuestión literaria, simplemente una epifanía científica. El cerebro procesaba el lenguaje y en asuntos del corazón, la cabeza nunca es bienvenida. Tragó aire y ahogó la media vuelta que tendía a dar, no miró de nuevo la hoja en blanco y cerró sus ojos para irse al supermercado o algún sitio que solicitara palabras, así sacándosela del alma por siempre.

sábado, 18 de diciembre de 2010

¡Tiempo del desglose!

En una nube de egocentrismo, cinismo y misantropía; con ánimos de desvirtuar todas aquellas expresiones que quisieron engañarnos, comienza este post, iniciativa suicida y final decepcionante.

"...Se quedó en el olvido": Seguramente se han encontrado en "el olvido". Todo el mundo te manda para allá, pero nunca saben dónde realmente queda. Yo tampoco. Solo sé que es un callejón frío y solo, eternamente oscuro. Sabemos que hay miles en el mismo sitio, pero no podemos verlos, porque sinceramente ya nada nos une. Quien te mande para El Olvido, es tremendo coño de madre.

"Esto es para siempre": A todos les han confiado un corazón, pero como viene se va, se esfuma y nunca llegamos a verlo realmente. Fue como ir a una oficina postal, comprar unas estampillas y firmar un destino desconocido. La verdad, nunca estuve de acuerdo en enviarle ese paquete a Siempre. Esa muchacha siempre le devolvía el corazón al hombre, cartera ingrata.

"Ese tipo me parte": Parece lo suficientemente coloquial y divertida, hasta pasa desapercibida. Cuidado, de veras el amor te parte. Va de la mano con "amores que matan". ¡Ay! Esto también es cierto: Dejas de ser quien eres y por más indivisible que digan que es uno (dicen por ahí que eres materia indivisible), igualmente se llevan una parte de ti y por consiguiente, te parten, matándote de alguna u otra forma.

"Estás muerto para mí": Nadie está muerto para nadie. No sean idiotas, aunque te entregues a la negligencia por protección, el recuerdo persigue. El recuerdo es el criminal más hábil, de alguna manera logra infiltrarse en tu mente, asaltar el lugar más recóndito, acechar cada una de tus ideas y mantener vivo a esa persona por lo que te queda de vida.

Puñales

Pongo un pie en el vacío. Bajo la cabeza ante las lanzas sublimes. Estoy siendo acorralada por martirios comunes, ataduras que no cesan hasta el día de mi muerte. Entonces decido quitarme las prendas que me regaló el hombre que en algún tiempo decidí amar; junto con las cadenas que pesaban sobre mi nuca, fabricadas por ilusiones antiguas. Y con el vapor de mi ignorancia, me retiro ambos. Mis manos se sienten más ligeras, mi corazón es capaz de saltar en las mismas y no tener miedo de resbalar. Las prendas caen, las cadenas caen. Mi mirada cae. Todavía siento los cuchillos fríos sobre mi espalda, atravesando cada parte de mi piel. Y entonces, en un instante no tan remoto, siento las gotas deslizándose bajo mi cuerpo; cada una, resonando en mis oídos. La tortura establecida regresa, mi mirada tendía a examinarme en tiempos anteriores. Alguna vez, decidí mirar. Pero no hoy. Antiguas persianas que me acompañaron desde que nací, bloqueaban la ventana. No podía ver.

Empecé a acostumbrarme, los puñales en mi espalda se tornaban recurrentes en todo momento. Las gotas seguían recorriendo mi cuerpo, mi vida se iba junto con ellas en el mismo carril de la desesperación. Mis manos comenzaban a sentirse suaves, acariciaban cada parte de mi cuerpo. Eran desconocidas hasta el día de hoy. Nos encontrábamos de nuevo, después de tanto tiempo. Mi cabello comenzaba a sentirse empapado, los cuchillos nos habían alcanzado a ambos. Logré alzar de nuevo la mirada, mis párpados se abrieron para enfrentar el terror. Me percaté de la luz, ya me estaba esperando. Mi mundo, mi corazón, mi fantasía y mis afectos cambiaron; yo era una persona distinta. Completamente diferente, hipnotizada por la luz que no dejaba de penetrar mis ojos diáfanos. Dejé de existir en ese momento. La oscuridad regresaba.

Logré dar un paso al frente, y mis manos buscaban con pasión aquello que me salvaría la vida. Una de ellas, alcanzó a tocar el grifo mientras la otra agonizaba por la tela. Mi mano giró sobre el metal frío, y los puñales cesaron. La tela limpiaba y adoraba mi cuerpo. No volví a ser la misma.

Ama et quod vis fac

Un bostezo taciturno logró fulminar la ligereza que mantenía su vigilia y por fin se sentía completamente despierto. Lúgubre se veía el paisaje de su habitación, su cuerpo finalmente erguido hacía crujir la madera bajo sus pies, sus pasos se hacían consecuentes mientras buscaba a tientas su presa en la habitación contigua y en algún lugar estaría esperando el alma de su posesión temporal, a veces era más que eso. Para ella, el amor había dejado rastros por todas las paredes, una condena eterna que la mantendría en su lugar por siempre; junto al muro yacía su cuerpo desnudo. Sendas muñecas habrían tenido apariencia juguetona alguna vez, justo antes de ser partícipes de los estragos del óxido, las ataduras evolucionaban en tortura y todos los instantes se volvían eternos. Suspiros flotaban tétricos, ninguno de ellos pudo discernir si realmente se trataba de amor.

En el momento que su mirada tocó la de ella, cuatro lanzas anunciaron que era el final y se sabría más adelante que había sido un acuerdo mutuo. Ambos pies descalzos tocaban su sombra y la muerte pasó saludando cada una de las caras familiares entre ellos. De tantos amigos que poseía, arribó el pánico y ahogándose de risa la envolvían en el abismo del terror. Sin titubear, volcó su cuerpo desnudo para poder ver su rostro y las manos violentas partieron las piernas gélidas. Un gemido sordo se apoderó de su mente y sólo lograba perturbarlo más; incitaba, invitaba, no había lugar para vacilaciones. La repulsión que sentía por el cuerpo magullado la hacía irresistible, había sido suya tantas veces. La ropa propia iba cayendo con gentileza, debía permanecer intacto, él era la pureza y ella sólo recibía la mejor parte de su dios. Al empezar, sus manos volaron a su cara y un bofetón nuevo no traía nada distinto a su relación. Se aferró a sus caderas firmemente, apenas la sentía presente en las efímeras representaciones de su cariño; cada vez que arremetía contra ella, sentía su cuerpo temblar, conociéndola sabía que podía aguantarlo.

Su voz se hallaba escondida entre gritos absurdos, sabía que su desnudez por primera vez no era natural y después de expresarse, ella misma sentía que ya no le pertenecía al hombre que juró amar. Su condición de vestal la iba recuperando poco a poco, para él cada vez se tornaba más inalcanzable. La mujer que alguna vez fue la quimera del amor, se iba desvirtuando ante sus ojos y gradualmente se borraba la sonrisa del ahora atacante, el impacto catastrófico se topaba con el cuerpo virginal de su amada. Negando el arrebato de su inocencia, encontró la despedida y nunca supo realmente de donde partía la premisa del amor, justicia nunca mandó en una relación como aquella. Abandonó la habitación al reconocer que ya nada quedaba de aquella mujer que en algún tiempo fue suya y al volverse, sólo una tela negra azabache recubría la madera del suelo que presenció la gloria de tantos tiempos, todo había terminado. Permaneció intacta, hasta que se escuchó el último aliento expirado por una mujer que prometió amar hasta la muerte, no importaba si el hallazgo de la misma había sido tempestuoso.

 Titulado "Ama y haz lo que quieras" originalmente.

Divagando hasta la Iluminación

domingo, 10 de abril de 2011 · 0 comentarios

Hoy me siento distinta. Mi corazón fue excretado a mi torrente sanguíneo y viajó bastante, se filtró por algún tejido y apareció en mi estómago, latiendo fuertemente. Tengo el corazón en el estómago y no es un eufemismo, no quiero que me cocine ningún hombre. Estoy diciendo que tengo el corazón en el estómago porque hay un sentimiento de culpa que no puedo desaparecer ni con los borradores de los bolígrafos, que hasta al hampa venezolana pueden tumbar. La culpa es una emoción adquirida, es decir, tú me hiciste esto. Podría saberme al mismísimo casabe si hiero tus sentimientos o no, pero estoy atada a ti, de todas las formas menos una. Y creo que es la menos relevante en esta historia.

Me gusta(s). Pero no es eso lo que me pasa, mi depresión recurrente no se trata de este compromiso ficticio que decidió salir al aire. Hoy desperté inmóvil. Tenía mucha sed y dolor de huesos, conseguí levantarme aunque me pesara la existencia como en los días nublados, parecía que estuviese subiendo un páramo. Tomé Té Listo, que aunque nadie lo admita, es la representación güarapera del Nestea. Me sentí miserable todo el día, recordé a Mauricio y nuestras interminables charlas, justificando la intensidad de los domingos. Me odié a mí misma, como siempre, la verdad es que tiendo a ser muy rutinaria. Todos tenemos nuestros daddy issues y hoy me sentí asqueada por la forma en la que fingías que todo estaba bien. Nada está bien. Es hipócrita de mi parte reclamarte por eso, yo lo hago todos los días de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Aporto lo que queda de mí, sobrevivo sin vivir.

La verdad es que no estoy acostumbrada a tomar, no alivio las penas con el alcohol, yo solo duermo el dolor. El problema es que ya no duermo. Duermo lo suficiente cuando caigo inconsciente y luego despierto al transcurrir poco tiempo, es una maldición que me está siguiendo desde que empecé a leer filosofía. Ahora se han ido mis libros y ando pelando bolas, por lo que no puedo leer lo que quiero. Entonces mi insomnio no es una sombra pasiva, ahora me está persiguiendo.

Siempre he pensado que las depresiones clínicas no existen, que la motivación puede con todo, que la filantropía tiene como himno Waving Flag cuando nos une una misma pasión. Que la salvación se encuentra en la Teoría del reforzamiento... Pero no basta con querer salvarse, hay que saber protegerse. Protegerse de uno mismo. El malandro del kiosco te puede quitar el BlackBerry y tú te dejas (aunque para ti, ese teléfono era una extensión de tus manos) pero quién dijo que los crímenes materiales eran los más peligrosos. Es mentira. El choro más peligroso es uno mismo. Sin darnos cuenta, nos vamos quitando todo lo que nos compone cuando caemos en la misantropía y en la impotencia, ante un mundo dormido e inmutable. La motivación se agota y con eso llega la entrega al vacío o el deseo desesperado de caer en uno. Ahí es cuando saltas de tu cama y te das cuenta que hasta en sueños evitamos desvanecernos, que no queremos dejarnos caer incluso en el subconsciente.

Antes no creía en las depresiones clínicas, después creí y luego solo entendí que existen pero no son eternas. Ninguna dura para siempre. Hay, entonces, salvación. No estoy segura de la protección, porque ocurre sin darnos cuenta, aunque esto es solo cuestión de agnósticos. Pero todas las personas que están deprimidas todavía tienen chance, siempre lo tendrán. Ninguno de nosotros posee la convicción de dejarse morir de esa manera; si tu vida está en trance, puedes caerte para despertar. Se trata de abrir los ojos y darte cuenta de que algo estaba realmente mal.

Mientras escribía esta entrada tuve una epifanía, una mera revelación de lo que me sucede. Puse mi vida en pausa, mientras todos los demás avanzan... Todo es producto de una creencia. Empecé a pensar que mi vida aquí culminó y le podré dar play en San José. Quizás es porque empezaré a luchar por una beca, por la supervivencia, por una nueva vida. Amé Venezuela demasiado, me gocé muchísimo ser hija de esta patria perdida pero ya ando nadando en lo patético, rebuscando razones para permanecer aquí. Ya todos tienen su vida amorosa que está echando pa'lante, las pruebas en la Carabobo, el carro nuevo y yo... No. Simplemente no, un no rotundo que indica que tengo el pasaje en avión para la segunda semana de Julio.

Ahora es cuestión de observación y preparación para las carencias futuras. A donde vaya seguiré luchando con las mismas maldiciones de toda la vida, pero la motivación de alcanzar mis metas me impulsarán más que cualquier santo. Es esa sensación donde la perdición es un espanto llanero y se encuentra a la vuelta de la esquina, por lo que te genera un miedo terrible. Más que ser acechada por el Silbón. Ciertamente escuchamos el silbido de la perdición a lo lejos cuando está cerca, es ese miedo común de perdernos en el camino... Pero todos esperamos reencontrarnos con nosotros mismos cientos de veces. 

Será un placer apretarme la mano y verme a mí misma cuantas veces sean necesarias para entender que el aprendizaje no es un objetivo, es parte de uno.

La Literatura Venezolana (Artículo periodístico - escolar)

lunes, 21 de febrero de 2011 · 0 comentarios

La literatura hecha en Venezuela ha sido subestimada a través del tiempo, desvirtuando el arte en nuestra cara y los primeros causantes de semejante atrocidad somos nosotros: los venezolanos. Quizás este hecho se haya dado por factores que se han salido de control con el pasar de los años; trayendo autores extranjeros a nuestro país y eventualmente obligando a los venezolanos a adueñarse de versos ajenos porque sin poesía y estética no es posible vivir, por definición el arte conlleva la expresión del individuo. Es posible encontrar a cualquier ciudadano que haya leído poemas de Pablo Neruda o Mario Benedetti, ignorando sus raíces porque simplemente padece del triste desconocimiento. Si de autores venezolanos se tratara no van más allá de Aquiles Nazoa, Vicente Gerbasi o el maravilloso Rómulo Gallegos, cuyas obras representan por completo la creación de este territorio.


Esta nueva sección por ningún motivo busca desprestigiar a los genios literarios mencionados anteriormente, sino resaltar aquellos autores contemporáneos que de manera fantástica y sin recibir el reconocimiento adecuado, han definido el arte venezolano con el pasar de las décadas. Quizás la poesía venezolana no sea tan popular porque plasma el amor de manera tácita en versos melancólicos, a diferencia de otros autores latinoamericanos, que expresan directamente lo que sienten: lo común es leer estrofas románticas de un paisaje estético, sin abusar de las metáforas. La poesía venezolana conserva el misterio metafórico con el balance perfecto de un estado poético; así como la tristeza y la pérdida, ganándose el espacio oscuro que todos poseemos y no sabemos cómo expresarlo exactamente. He observado que realiza una descripción extensa de la situación, dejando que el ambiente guíe las emociones en vez del sujeto. Desde un inicio la literatura venezolana impulsa al paisaje a cobrar vida, en todos los géneros. La narrativa reciente, combina el patriotismo y las situaciones del día a día con un aire jocoso que brinda un texto entretenido. Definitivamente tiene muchísimo por ofrecer y es por esto que este nuevo espacio existe, servirá como puente entre los lectores y los escritores patrios. Poetas y narradores como Luis Alberto Crespo, Teófilo Tortolero, Víctor Valera Mora, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Miyó Vestrini, Reynaldo Pérez So, Rafael Cadenas y José Rafael  Pocaterra, Salvador Garmendia, Arturo Úslar Pietri, Francisco Massiani, Eduardo Liendo, Milagros Socorro, entre otros; no deben ser condenados al olvido. Si no apreciamos lo propio, jamás entenderemos el valor identitario de la buena letra hecha en casa.

Cacotanasia

sábado, 12 de febrero de 2011 · 1 comentarios

Mordía el lápiz con sed de justicia, masticando el borrador despiadadamente como si se tratara de la vida misma, quería acabar con la falsa creencia de que los errores pueden desaparecer. Murmuraba constantemente, convenciéndose de lo equivocado y pensando que jamás le enseñaría tal cosa a sus querubines ficticios. Besó el cigarro de nuevo y aspiró el rechazo, finalmente decidiendo estrellar el vicio contra la antigüedad de una mesa mientras expiraba el último aliento de la única cosa que parecía quererla. Decidió entonces apuñalar su mano para asesinar a la creación misma, su obra maestra se hallaba en la punta del lapicero, de esos que nunca se equivocan y siguen a la convicción propia. 

Tomó la hoja en blanco y rápidamente cortó los dedos que alguna vez trazaron literatura sobre el pecho imaginario. Jugó con la prosa y cantó con la lírica, escribió centenares de epístolas  sin destino, acostumbrándose una vez más a ser la ceniza abandonada. Había sido desechada por todos y dormía para dejar de sentir, ya no servía para aquello. Devoró las uñas que tendían a magullar a los amantes, el recuerdo más amargo le advertía todo el tiempo que aferrarse a una espalda no la harían conquistar nada, ya no tenía reino. Las paredes le susurraban, el grafito incrustado estaba harto de su esencia y la mesa tambaleaba lejos, recorriendo las distancias más largas del mundo justo ahora más que nunca. Abrió un libro, drogándose lentamente con poesía y versos ajenos, adueñándose de las estrofas a la fuerza: las sílabas métricas tendían a huir para negarle amores pasajeros.

Por más que intentaba desaparecer, los sueños le resultaban esquivos.  Con frecuencia moría entre  párrafos, tratando de acoplar palabras estéticas para salvarse la vida. Hoy la palabra era una extraña y ella era un mero intruso en el mundo caníbal de las letras. Tomó el lapicero para escribirse, inventarse, terminarse, sentirse,  crearse, vivirse y matarse como si fuera la primera vez. Cavó en su pecho los discursos inconclusos, entregándose al acto final de su obra maestra.

Este cuento es dedicado a mi locura, me está fastidiando bastante últimamente.

Hoy sale escribir que no sale nada

lunes, 31 de enero de 2011 · 0 comentarios

Tomó la pluma y apuñaló ferozmente la poesía abandonada, aquella hoja en blanco que nadie quiso convertir en literatura. Ella no vino a plasmarse, él tampoco tenía ganas de reinventarla y terminó siendo un convenio de ruptura. Tenía tantas cosas que decir y terminó comprendiendo que jamás pronunciaría lo que su corazón dictaba; no era una cuestión literaria, simplemente una epifanía científica. El cerebro procesaba el lenguaje y en asuntos del corazón, la cabeza nunca es bienvenida. Tragó aire y ahogó la media vuelta que tendía a dar, no miró de nuevo la hoja en blanco y cerró sus ojos para irse al supermercado o algún sitio que solicitara palabras, así sacándosela del alma por siempre.

¡Tiempo del desglose!

sábado, 18 de diciembre de 2010 · 2 comentarios

En una nube de egocentrismo, cinismo y misantropía; con ánimos de desvirtuar todas aquellas expresiones que quisieron engañarnos, comienza este post, iniciativa suicida y final decepcionante.

"...Se quedó en el olvido": Seguramente se han encontrado en "el olvido". Todo el mundo te manda para allá, pero nunca saben dónde realmente queda. Yo tampoco. Solo sé que es un callejón frío y solo, eternamente oscuro. Sabemos que hay miles en el mismo sitio, pero no podemos verlos, porque sinceramente ya nada nos une. Quien te mande para El Olvido, es tremendo coño de madre.

"Esto es para siempre": A todos les han confiado un corazón, pero como viene se va, se esfuma y nunca llegamos a verlo realmente. Fue como ir a una oficina postal, comprar unas estampillas y firmar un destino desconocido. La verdad, nunca estuve de acuerdo en enviarle ese paquete a Siempre. Esa muchacha siempre le devolvía el corazón al hombre, cartera ingrata.

"Ese tipo me parte": Parece lo suficientemente coloquial y divertida, hasta pasa desapercibida. Cuidado, de veras el amor te parte. Va de la mano con "amores que matan". ¡Ay! Esto también es cierto: Dejas de ser quien eres y por más indivisible que digan que es uno (dicen por ahí que eres materia indivisible), igualmente se llevan una parte de ti y por consiguiente, te parten, matándote de alguna u otra forma.

"Estás muerto para mí": Nadie está muerto para nadie. No sean idiotas, aunque te entregues a la negligencia por protección, el recuerdo persigue. El recuerdo es el criminal más hábil, de alguna manera logra infiltrarse en tu mente, asaltar el lugar más recóndito, acechar cada una de tus ideas y mantener vivo a esa persona por lo que te queda de vida.

Puñales

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Pongo un pie en el vacío. Bajo la cabeza ante las lanzas sublimes. Estoy siendo acorralada por martirios comunes, ataduras que no cesan hasta el día de mi muerte. Entonces decido quitarme las prendas que me regaló el hombre que en algún tiempo decidí amar; junto con las cadenas que pesaban sobre mi nuca, fabricadas por ilusiones antiguas. Y con el vapor de mi ignorancia, me retiro ambos. Mis manos se sienten más ligeras, mi corazón es capaz de saltar en las mismas y no tener miedo de resbalar. Las prendas caen, las cadenas caen. Mi mirada cae. Todavía siento los cuchillos fríos sobre mi espalda, atravesando cada parte de mi piel. Y entonces, en un instante no tan remoto, siento las gotas deslizándose bajo mi cuerpo; cada una, resonando en mis oídos. La tortura establecida regresa, mi mirada tendía a examinarme en tiempos anteriores. Alguna vez, decidí mirar. Pero no hoy. Antiguas persianas que me acompañaron desde que nací, bloqueaban la ventana. No podía ver.

Empecé a acostumbrarme, los puñales en mi espalda se tornaban recurrentes en todo momento. Las gotas seguían recorriendo mi cuerpo, mi vida se iba junto con ellas en el mismo carril de la desesperación. Mis manos comenzaban a sentirse suaves, acariciaban cada parte de mi cuerpo. Eran desconocidas hasta el día de hoy. Nos encontrábamos de nuevo, después de tanto tiempo. Mi cabello comenzaba a sentirse empapado, los cuchillos nos habían alcanzado a ambos. Logré alzar de nuevo la mirada, mis párpados se abrieron para enfrentar el terror. Me percaté de la luz, ya me estaba esperando. Mi mundo, mi corazón, mi fantasía y mis afectos cambiaron; yo era una persona distinta. Completamente diferente, hipnotizada por la luz que no dejaba de penetrar mis ojos diáfanos. Dejé de existir en ese momento. La oscuridad regresaba.

Logré dar un paso al frente, y mis manos buscaban con pasión aquello que me salvaría la vida. Una de ellas, alcanzó a tocar el grifo mientras la otra agonizaba por la tela. Mi mano giró sobre el metal frío, y los puñales cesaron. La tela limpiaba y adoraba mi cuerpo. No volví a ser la misma.

Ama et quod vis fac

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Un bostezo taciturno logró fulminar la ligereza que mantenía su vigilia y por fin se sentía completamente despierto. Lúgubre se veía el paisaje de su habitación, su cuerpo finalmente erguido hacía crujir la madera bajo sus pies, sus pasos se hacían consecuentes mientras buscaba a tientas su presa en la habitación contigua y en algún lugar estaría esperando el alma de su posesión temporal, a veces era más que eso. Para ella, el amor había dejado rastros por todas las paredes, una condena eterna que la mantendría en su lugar por siempre; junto al muro yacía su cuerpo desnudo. Sendas muñecas habrían tenido apariencia juguetona alguna vez, justo antes de ser partícipes de los estragos del óxido, las ataduras evolucionaban en tortura y todos los instantes se volvían eternos. Suspiros flotaban tétricos, ninguno de ellos pudo discernir si realmente se trataba de amor.

En el momento que su mirada tocó la de ella, cuatro lanzas anunciaron que era el final y se sabría más adelante que había sido un acuerdo mutuo. Ambos pies descalzos tocaban su sombra y la muerte pasó saludando cada una de las caras familiares entre ellos. De tantos amigos que poseía, arribó el pánico y ahogándose de risa la envolvían en el abismo del terror. Sin titubear, volcó su cuerpo desnudo para poder ver su rostro y las manos violentas partieron las piernas gélidas. Un gemido sordo se apoderó de su mente y sólo lograba perturbarlo más; incitaba, invitaba, no había lugar para vacilaciones. La repulsión que sentía por el cuerpo magullado la hacía irresistible, había sido suya tantas veces. La ropa propia iba cayendo con gentileza, debía permanecer intacto, él era la pureza y ella sólo recibía la mejor parte de su dios. Al empezar, sus manos volaron a su cara y un bofetón nuevo no traía nada distinto a su relación. Se aferró a sus caderas firmemente, apenas la sentía presente en las efímeras representaciones de su cariño; cada vez que arremetía contra ella, sentía su cuerpo temblar, conociéndola sabía que podía aguantarlo.

Su voz se hallaba escondida entre gritos absurdos, sabía que su desnudez por primera vez no era natural y después de expresarse, ella misma sentía que ya no le pertenecía al hombre que juró amar. Su condición de vestal la iba recuperando poco a poco, para él cada vez se tornaba más inalcanzable. La mujer que alguna vez fue la quimera del amor, se iba desvirtuando ante sus ojos y gradualmente se borraba la sonrisa del ahora atacante, el impacto catastrófico se topaba con el cuerpo virginal de su amada. Negando el arrebato de su inocencia, encontró la despedida y nunca supo realmente de donde partía la premisa del amor, justicia nunca mandó en una relación como aquella. Abandonó la habitación al reconocer que ya nada quedaba de aquella mujer que en algún tiempo fue suya y al volverse, sólo una tela negra azabache recubría la madera del suelo que presenció la gloria de tantos tiempos, todo había terminado. Permaneció intacta, hasta que se escuchó el último aliento expirado por una mujer que prometió amar hasta la muerte, no importaba si el hallazgo de la misma había sido tempestuoso.

 Titulado "Ama y haz lo que quieras" originalmente.